Blog para el despertar de la consciencia

Entradas etiquetadas como ‘espíritu’

EMPIEZA YA A MEDITAR

¿Meditas con frecuencia? ¿Lo has intentado alguna vez? ¿Lo haces pero no funciona como desearías? Te dejo mi último vídeo.

¿CONSCIENCIA O CONCIENCIA?

¿Significa lo mismo consciencia que conciencia? Te dejo mi particular opinión.

VÍCTOR BROSSA ENTREVISTA A J.L. PARISE: EL MAPA DEL MAGO

Excepcional documento, tal como dice Víctor Brossa durante la entrevista, donde Parise plantea un resumen magistral del mapa del mago en un ejercicio de sincretismo difícil de igualar. Esto es alto conocimiento y conocerlo y abundar en su estudio te va a dar mucho más poder para guiar y comprender tu vida.

Es aconsejable leer el libro de Parise para complementar y ampliar. Espero que disfrutes de esta bella entrevista.

Información complementaria aquí: http://ellamentonovieneacuento.com/?s=peirce

VICENT GUILLEM: LA LEY DEL AMOR

4ª Ley: Ley del amor

– El destino del espíritu es alcanzar la felicidad a través de la experimentación del amor incondicional, por libre decisión de su voluntad.

– Sin amor no hay evolución. Sin amor no hay sabiduría. Sin amor no hay felicidad.

– El amor es la fuerza armonizadora y dinamizadora del universo espiritual.

Ya has mencionado la ley del amor en multitud de ocasiones pero ¿qué es, según tú, el amor?

El amor puede definirse en su grado máximo como la capacidad de sentir a los demás como a uno mismo.

¿Pero el amor existe realmente o es sólo un concepto abstracto?

Existe realmente y se manifiesta como una intensa vibración de la esencia vital o principio espiritual que se transmite a todos los planos de la existencia, desde el plano espiritual, pasando por el mental y el astral, hasta llegar al físico. La manifestación del amor en el plano energético es la energía de más alta vibración, la luz más brillante, la luz de las estrellas. Esa vibración, la vibración del amor, al igual que la luz, se puede transmitir y ser percibida.

¿Y qué es lo que se experimenta exactamente con el amor?

Cuando un ser experimenta el amor verdadero, se siente lleno, plenamente feliz, invadido por una vibración, una fuerza y una sensibilidad extraordinarias. Ya no necesita nada más para ser feliz. El espíritu inspirado por el amor siente el deseo de transmitir a los demás ese bienestar y ayudarles a que sean felices, porque se siente conectado con ellos, como si formaran parte de él. Invadido por el amor, su cuerpo astral eleva su vibración de manera que el aura se expande enormemente y se vuelve muy brillante. Cuanta más capacidad de amar tiene el ser, más alta es su vibración y mayor energía es capaz de transmitir. Cuando alguien ama transmite esa vibración amorosa a los demás. Si el receptor o receptores de la misma son sensibles, lo perciben como una oleada de calor intenso que no quema, una vibración que lo recorre a uno por completo, que llega hasta el rincón más profundo, como si llenara cada uno de los poros de su alma, estremeciéndole y haciéndole sentir como envuelto por una nube de paz y armonía. En ese estado de bienestar interior uno se siente optimista, alegre, relajado, sereno y descubre que los problemas de su existencia no son tan graves.

Lo que describes parece una experiencia muy mística. No sé hasta qué punto es accesible para nosotros, lo humanos.

Es accesible, pero estáis tan materializados que os falta sensibilidad, tanto para dar como para sentir directamente el amor. Es como intentar escuchar la radio al lado de una taladradora en marcha. Por eso, más que sentir el amor, lo que la mayoría apreciáis son los actos que se hacen por amor, aunque a la mayoría le resulta difícil de entender qué motiva a actuar a una persona de esa forma.

¿Y por qué es una ley espiritual el amor?

Porque está escrita en el interior del espíritu: el espíritu necesita amar para ser feliz. En ausencia de amor, el espíritu se marchita como una flor arrancada de raíz.

Si por la ley del libre albedrío el espíritu necesita ser libre para poder ser feliz, por la ley del amor, el espíritu necesita amar para ser feliz. Si unimos estas dos leyes en una diríamos que el espíritu necesita amar en libertad para ser feliz.

Si el amor es necesario para la felicidad del espíritu, ¿por qué no nacemos todos amando?

Es otra de las capacidades, la de amar, que el espíritu ha desarrollar por sí mismo en su proceso de evolución. Como ya he dicho, la chispa espiritual, cuando es creada, tiene en potencia numerosas capacidades, pero necesita desarrollarlas. Una de ellas es la capacidad de amar. Desarrollar la capacidad de amar es el objetivo más importante del proceso evolutivo el espíritu. El amor es la fuerza armonizadora y dinamizadora del universo espiritual.

¿Cómo el amor influye en la armonía del universo?

¡Por un acto de amor existimos todos los seres espirituales! El amor es la fuerza que alimenta cualquier impulso creador. El amor es la base sobre la que se sustenta la solidaridad espiritual universal. El espíritu inspirado por el amor siente el deseo de ayudar en la evolución a todos los demás seres de la creación, para que sean capaces de experimentar por sí mismos la felicidad que emana del amor. Sólo sobre la base del amor se construirá lo verdadero y lo duradero.
AMOR VS EGOÍSMO

¿Cuál es el primer paso que uno debería dar para poder amar?

Para amar es necesario sentirse a uno mismo, y para sentirse a uno mismo es necesario conocerse a uno mismo. Si quieres amar a los demás, aprende primero a amarte a ti mismo, a través de conocerte a ti mismo. El que no se quiere a sí mismo no puede querer a los demás.

¡Pero yo tenía entendido que para amar a los demás tienes que renunciar a ti mismo!

En absoluto. Lo que tienes que hacer es renunciar a tu egoísmo, pero no a tus sentimientos. Lo que ocurre es que tenéis un concepto de lo que es el amor que es incorrecto, porque mezcláis el amor con el egoísmo. Amarse a uno mismo no es creer que uno es mejor que los demás y que por ello ha de dedicarse a satisfacer caprichos egoístas, sino reconocer las necesidades afectivas propias, los sentimientos, y desarrollarlos para que sean el motor de nuestra vida. Por esto he dicho que para amar verdaderamente es tan importante conocerse a uno mismo. Conocerse implica saber distinguir entre lo que sentimos y lo que pensamos, reconocer entre lo que viene de nuestro sentimiento y lo que viene de nuestro egoísmo.

¿Entonces, cómo distinguir lo que es el amor de lo que no lo es?

El amor en su máxima expresión ha de ser incondicional. El que ama verdaderamente no espera nada cambio, y el que actúa por interés no está amando verdaderamente. El amor ha de ser libre, si no, no es amor. No se puede forzar a nadie a amar.

El que quiera amar ha de querer también renunciar al egoísmo. El amor y el egoísmo son conceptos contrarios, incompatibles entre sí, antagónicos. No se puede amar sin renunciar al egoísmo, ya que el egoísmo es en realidad la ausencia de amor. Aprender a amar es lo mismo que aprender a desprenderse el egoísmo. El que aumenta su capacidad de amar disminuye su egoísmo y viceversa.

¿Y cómo aprende el espíritu a amar?

Es un proceso continuo que requiere muchísimo tiempo de evolución. Lo comienza el espíritu antes de iniciar la fase humana y no lo termina nunca, ya que siempre hay algo nuevo que aprender respecto al amor. Como el aprender a hablar, no hay otra forma de desarrollar el amor que no sea través de la interacción constante con otros seres. En las primeras etapas, cuando el ser espiritual está escasamente desarrollado, experimenta el amor que otros seres más avanzados sienten hacia él en forma de emociones. Esto le hace sentir bienestar. También ha de experimentar lo que es la ausencia de amor, es decir, el egoísmo de otros seres que, al igual que él, todavía no son capaces de amar. Esto le hará sentir emociones de malestar, pero también le permitirá reconocer, aprender a distinguir mejor entre la ausencia y la presencia de amor y a valorar la presencia de amor, lo cual servirá de estímulo para poder desarrollar en sí mismo los sentimientos. Es decir, antes de ser capaz de amar, el ser espiritual se sensibiliza como receptor del amor de otros seres más avanzados, que le sirven de ejemplo de lo que es ser emisor de amor. También ha de convivir con otros seres con el egoísmo igual o más acentuado que ellos mismos, que son un ejemplo de lo que es la ausencia de amor. Todas estas interacciones le motivarán el desarrollo, primero de las emociones, y más tarde de los sentimientos.

Una vez el espíritu reconoce el amor que ha recibido de los demás es cuando está preparado para ser un emisor de amor. Serán los seres que le amaron los primeros hacia los que se le despertarán los primeros sentimientos de afecto (usualmente hacia algún miembro de su familia), mientras que el resto de seres, los que se comportaron con egoísmo hacia él, serán enemigos, y los que nunca tuvieron relación con él, simplemente serán seres por los que sentirá indiferencia. En esta etapa, el espíritu es apasionado en los amores, vengativo y rencoroso en los desamores. Llegará otra etapa más avanzada en que el ser ya no querrá perjudicar a los que le hicieron daño, porque se da cuenta que el sufrimiento en sí mismo es algo negativo, incompatible con el amor, abandonando la venganza como forma de resarcimiento por el daño recibido. Esta etapa la podríamos denominar amor condicional avanzado. Llegado cierto momento, cuando el grado de comprensión y de sensibilidad
del ser ha aumentado considerablemente, ya está preparado para dar el gran salto, el de querer a todos los demás seres de la creación, incluyendo a aquellos que le odiaron y le despreciaron y le hicieron sufrir lo indecible. Es decir, ha entrado en la etapa final, en la que se alcanza el amor incondicional, aquel amor que predicaron los seres avanzados como Jesús cuando decían “ama a tu enemigo”. Por supuesto, esto no ocurre de la noche a la mañana. Serán necesarios millones de años de evolución para recorrer el camino desde la primera a la última etapa.

¿Podrías resumir estas etapas para que me haga una idea?

Sí, aunque, como digo, el proceso es continuo, podríamos dividirlo para su mayor comprensión en las siguientes etapas:

1. Insensible como receptor y emisor de amor.

2. Parcialmente sensible como receptor de amor -insensible como emisor de amor

3. Sensible como receptor-parcialmente sensible como emisor (amor condicional)

4. Altamente sensible como receptor-altamente sensible como emisor (amor condicional avanzado)

5. Totalmente sensible como receptor-totalmente sensible como emisor (amor incondicional)

¿Cuál es el origen de las emociones y de los sentimientos y en qué se diferencian?

En los primeros estadios de evolución del ser espiritual, éste sólo es capaz de percibir emociones, que generalmente son sólo una respuesta a un estímulo de naturaleza exterior. Este desarrollo de la percepción emocional comienza ya en etapas anteriores a la humana. De hecho podéis observar que muchos mamíferos superiores, como perros, vacas, caballos o delfines, ya son capaces de percibir y manifestar emociones bastante profundas de muy diversos tipos. A medida que el espíritu experimenta con las emociones y comienza a tenerlas en cuenta para tomar decisiones, está comenzando a desarrollar el sentimiento. Podéis considerar que los sentimientos son la forma evolucionada de las emociones.

¿Puedes exponer con más profundidad la distinción y la relación entre las emociones y los sentimientos?

Las emociones son de duración corta, generalmente son activadas por algún tipo de estímulo, exterior o interior. Los sentimientos tienen una duración más extensa, están más profundamente arraigados en el espíritu y aunque reciben la influencia del exterior, no tienen porqué estar motivados por ningún impulso exterior, sino por la propia voluntad del espíritu. Los sentimientos y las emociones están íntimamente ligados. El sentimiento es capaz de despertar las emociones. Son como la fuente interna de la que emanan, de manera que, en este aspecto, las emociones son una manifestación de los
sentimientos. También las emociones, sobre todo las percibidas del exterior, influyen en los sentimientos y pueden ser un estímulo para activarlos o para reprimirlos. En el máximo desarrollo del sentimiento de amor, es decir, cuando se llega a experimentar el sentimiento de amor incondicional, nos encontramos ya ante un sentimiento que no va a terminar nunca, y que además no necesita de ningún estímulo exterior que lo despierte o alimente.

¿En qué parte del ser se originan las emociones y los sentimientos?

Las emociones y sentimientos de amor se originan el cuerpo espiritual.

Las egoemociones y los egosentimientos, aunque se perciben en el cuerpo espiritual, generan su matiz egoísta en el cuerpo mental.

No entiendo qué quieres decir. ¿Qué son los egosentimientos y las egoemociones?

Son los sentimientos y emociones negativas generados por actitudes egoístas. En realidad, las actitudes egoístas son pensamientos y por tanto se originan en la mente.

¿Entonces el sentimiento y el pensamiento tienen un origen distinto? Siempre creí que ambos eran fruto de la mente.

Pues no tienen el mismo origen. El sentimiento procede del espíritu (cuerpo espiritual) y el pensamiento, de la mente (cuerpo mental).

A ver si he entendido bien. ¿Quieres decir entonces que el egoísmo se origina en la mente y el amor en el espíritu?

Sí. Aunque como ya he dicho las egoemociones y los egosentimientos se perciben también en el cuerpo espiritual, aunque su aspecto egoísta se genere en la mente.

¿Me podrías aclarar este punto? Sigo sin entender cómo puede ser que el egoísmo se origine en la mente y que los sentimientos o emociones egoístas se sientan en el espíritu.

Claro. Imagina que una persona se encuentra con una linterna encendida dentro de una cúpula de cristal. Si el cristal es transparente, tanto la luz que sale de la linterna al exterior como la luz que entra del exterior al interior no sufrirá prácticamente modificación por el hecho de pasar a través de cristal. Sin embargo, si el cristal de la cúpula, en vez de ser transparente, es opaco, entonces modificará el paso de la luz a través de ella, tanto de la luz que sale del interior hacia el exterior como la que entra del exterior al interior de la cúpula. La persona con la linterna representa al cuerpo espiritual y la cúpula de cristal representa al cuerpo mental. La opacidad del cristal de la cúpula representa el egoísmo. El egoísmo modificará tanto la percepción de los sentimientos y emociones de los demás (la luz que entra), transformándolos antes de que impacten en el cuerpo espiritual, como la expresión o manifestación de los sentimientos y emociones que proceden del cuerpo
espiritual (la luz que sale), siendo percibidos por los demás ya con el matiz egoísta del que se impregnaron al pasar por la mente.

Sigo sin imaginarme bien cómo funciona esa relación entre amor y egoísmo en la propia naturaleza del ser humano. ¿Cómo puede ser que podamos ser capaces de amar y de ser egoístas al mismo tiempo? ¿No me podrías aclarar este punto?

Sí, claro. Imagina que el ser humano es como una cebolla, en cuyo corazón está el espíritu que desprende la luz, que es el amor. Este centro emisor de luz se encuentra recubierto por múltiples capas, de manera que cada una de estas capas obstruye el paso de la luz un poco, hasta que la suma de todas las capas juntas impide casi totalmente que la luz salga al exterior. Cada una de esas capas representa una manifestación del egoísmo que hay que ir eliminando progresivamente, para que finalmente la luz, el amor, brille, se exprese en toda su magnitud. A medida que vamos eliminado capas, la luz (el amor) del interior encuentra menos obstáculos para salir al exterior. Las capas más externas corresponden al egoísmo más primitivo y superficial. Son las capas correspondientes a la vanidad. Las capas intermedias corresponderían al orgullo y las más internas a la soberbia.

Cada persona se encuentra en un punto distinto de este proceso. La mayoría de espíritus que habitan la Tierra ha conseguido deshacerse sólo de alguna de las primeras capas. Otros han conseguido eliminar también algunas de las capas intermedias y unos pocos están en el proceso de eliminación de las capas más profundas del egoísmo. Aunque este proceso es progresivo y hay espíritus en todos los grados, podemos intentar clasificar los espíritus en tres grandes grupos, según el nivel de eliminación de capas en el que están: Espíritu amable-vanidoso, generoso-orgulloso y amoroso-soberbio.

¿Por qué los calificas con dos adjetivos, uno positivo y otro negativo?

Porque no quiero que en la clasificación quede sólo de manifiesto la parte egoísta del espíritu, sino también reconocer las cualidades que puede desarrollar el espíritu en cada etapa. El primer adjetivo expresa la cualidad representativa a la que puede llegar el espíritu cuando se esfuerza por desarrollar el amor y la segunda el grado de egoísmo en el que se encuentra. El vanidoso puede ser muy amable, el orgulloso muy generoso y el soberbio muy amoroso cuando está dispuesto a vencer su egoísmo y a luchar por los sentimientos. Pero no hay nada de negativo en admitir la existencia del egoísmo en cada uno de nosotros y definirla, para conocerla y poder superarla. Lo negativo para el espíritu sería no querer reconocer su existencia, no admitir la realidad de que todos tenemos una parte egoísta que debemos eliminar para poder amar verdaderamente y ser auténticamente felices. El no reconocerlo conduce al estancamiento espiritual, porque no se puede superar aquello que no se admite, al igual que no puede desintoxicarse un alcohólico que no admite que lo es.

¿Podrías exponer con más detalle las características de cada una de esas tres manifestaciones del egoísmo, que has llamado vanidad, orgullo y soberbia?

Sí. Podemos distinguir al menos tres formas de egoísmo que son, desde la más grosera hasta las más sutil, vanidad, orgullo y soberbia. En el habla cotidiana utilizamos estas tres palabras frecuentemente pero, como veremos, su significado espiritual es mucho más extenso y profundo, y difiere en muchos aspectos del significado con el que comúnmente las empleamos. Entraremos a definirlas una por una y a analizar sus manifestaciones.

LAS LEYES ESPIRITUALES
Vicent Guillem
http://lasleyesespirituales.blogspot.com

¿HACES LO CORRECTO?

¿Te has preguntado alguna vez si estás haciendo lo correcto?

images-of-nature-06

No es fácil definir qué es lo correcto porque cada cual tiene unos valores morales y vive en una cultura diferente. No te estoy hablando de eso. Hacer lo correcto no está relacionado con tus valores morales o sociales, con tu educación. Hacer lo correcto es tan sencillo como no permitir que se encoja tu estómago ante una situación, es no tener remordimientos de una acción reciente, es sentirte feliz después de tomar una decisión.

Tu corazón está relacionado con tu cerebro y con tu estómago, existe una relación energética entre todos los centros de poder de tu cuerpo y fuera de él. Es esta energía la que hace que tu estómago se encoja, o que tu sistema nervioso reaccione ante una visión terrible, un accidente, un atentado… También es tu energía, la energía del Universo de la que formas parte indivisible, la que hace que en ocasiones te encuentres deprimido y minutos después eufórico porque somos energía.

En definitiva, lo correcto es todo lo que te hace sentir tu unión con el todo, con el Universo (llámale Dios si quieres). Lo correcto lo traemos de serie. El ser humano, en esencia, es incapaz de causar daño; a sí mismo o a cualquier otro ser sintiente (plantas, animales o minerales), su esencia por definición es puro amor porque de ahí venimos y ahí volvemos al morir. Las desviaciones del ser humano para causar daño son producto de una falta de comprensión de la esencia propia y del Universo en el que habita y eso sólo se consigue superar con más consciencia. Aumentar tu nivel de consciencia es sencillo: ámate y ama a todo lo que te rodea, profundamente, aunque no lo comprendas. Después presta más atención a tus sensaciones y a tus sentidos, circula por la vida sin prisa, observando el cielo, las nubes, el sol y la luna; observa todo y dedícale a cada cosa un pensamiento positivo, transmite amor porque así, sólo así, podrás poco a poco vibrar en esa delicada frecuencia y recordarás tu origen, tu camino y tu destino.

Ahora vé y hazlo, cada segundo, cada minuto de lo que te queda de vida aquí. Serás mucho más feliz.

Con todo mi amor, Wabbbla.

¿CÓMO HABRÍAMOS SIDO SI?

Un artículo de Mariano Alameda. centronagual.es

Tus padres hicieron contigo lo que pudieron con lo que sabían.

Tus padres te querían como ellos eran capaces de querer, que es exactamente lo mismo que como les habían enseñado a quererse tus abuelos.

Tú te quieres, en el fondo, como fuiste querido y así es como sabes querer a otros.

Imagina un niño o una niña que ha sido gestado en un acto de amor y deseo limpio, pasional, encendido, cargado de energía, confianza y admiración. Imagina que ha sido gestado nueve meses en un cuerpo de mujer sano, fuerte, relajado, tranquilo, alegre. Imagina haber sido un hijo o hija deseada y que el recinto sagrado que te acoge te transmitiera mientras te formas la belleza del pensamiento, la voz y las emociones de esa madre que canta esperando mientras toma el sol abrazada por su pareja.

Imagina que en la titánica lucha orgiástica de tu parto consciente, la guerrera que te da a luz es una mujer confiada en su poder, a la que se le permite expresar su confianza mientras la fuerza de la naturaleza atraviesa su cuerpo en un acto catártico de intensa bienvenida. Imagina que recién llegado al mundo tras el viaje del héroe de tu nacimiento, eres recibido con caricias, músicas, murmullos, calor, afecto, miradas dulces y leche santa. Imagina que el aire que invadió tus pulmones te llenó de vida y no de dolor. Imagina que sano resulta descansar y dormirse entonces en el pecho caliente que se mece cargado de ternura mientras las voces de tus padres relatan en tus oídos lo bello y bueno que resultas para ellos y la luz del mundo recién descubierto destella entre tus pestañas. Imagina que el objetivo de quienes te acogen fuera que tu sufrimiento resultara cero.

Imagina que el entorno en el que vives tu infancia es la casa donde la madre, la diosa -Venus- del amor, siempre tiene una mirada limpia, una sonrisa dulce para cuando la buscan tus ojos y un pecho amoroso y feliz que ofrecerte como juego y como consuelo. Que en esa casa rige un padre -Marte- poderoso y benévolo, protector y orgulloso de ti, que te proporciona un lugar seguro y estable donde jugar a mil juegos para enseñarte sonriente cómo funciona el mundo. Imagina que te dieras cuenta de que Marte y Venus se miran con un brillo especial, te besan con un olor especial, se quieren con una unión especial. Te das cuenta de que quieres ser como mamá para gustar a papá y que quieres ser como papá para gustar a mamá. Asi ambos te mirarían encantados de que existieras, se mirarían encantados entre ellos, y tu presencia les haría sentirse aún más vivos y felices. Y tú te sentirías entonces amado y protegido, respetado y escuchado, atendido y valorado, acompañado y aplaudido. Ambos te mostrarían el mundo, aportándote las estrategias para solventar sus desafíos, pero siempre con un abrigo interior de afecto y autoestima que te haría sentirte caliente aunque el mundo en ocasiones pudiera resultar algo frío porque siempre habría un hogar encendido en tu corazón.

Imagina como habría sido tu vida y lo que hubiera sido que un padre fuerte, valiente, protector, seguro, estable, creativo, mágico, sonriente y orgulloso te hubiera dicho un día mirándote orgulloso a los ojos: “quiero que sepas que ningún padre tuvo nunca mejor hijo”.

Imagina lo que hubiera sido tu vida si mirándote a los ojos tu madre alegre, risueña, feliz, dulce, cariñosa, comprensiva, acogedora y amorosa te hubiese dicho un día: “quiero que sepas que ninguna madre fue nunca tan feliz con un hijo”.

Si de alguna manera te avergüenza este planteamiento infantil es que tu inconsciente no cree merecerlo y hay que rechazarlo para no sentir el dolor de que tu demanda de amor no fue satisfecha. Por eso sueñas infiernos. Nada sale de la mente que no hubieran metido antes. Cuidad lo que metéis en la mente de los niños. Es lo que les va a construir su identidad. Y su identidad creará su mundo. Y el mundo que tenemos es el resultado de la suma de nuestras infancias.

Todos hemos hecho lo que hemos podido con lo que nos dieron. Todos tenemos buena voluntad, todos amamos y fuimos amados en la medida de lo posible. No se trata de juzgarnos, ni de culparnos a nosotros ni a quienes nos hicieron. Para todos es difícil darnos cuenta de las imperfecciones, especialmente las relacionadas con la maternidad y la paternidad. No hay problema, todo lo que nos hicieron nos trajo hasta aquí, los errores siempre se dan la vuelta y acaban trayendo ventajas proporcionales al dolor. Pero este texto solo pretende confrontarnos con las faltas de amor y que nos planteemos…

¿Cómo sería el mundo si…?

Mariano Alameda.

EL DESPERTAR DE LA INTUICIÓN

Cuando el estudiante ha terminado los ejercicios de respiración, está listo para la próxima etapa de esta práctica el próximo esfuerzo que debe realizar. Si ha practicado este ejercicio bien y con éxito, atrapará a la mente como a un pájaro en una red, el vuelo constante se detendrá, la actividad incesante se tranquilizará y yacerá en la red del control de la respiración sin aletear siquiera. No debe intentar regresar a la respiración normal por medio de un esfuerzo; es mejor que deje que su respiración se ajuste normalmente. La mente debe ahora cesar de concentrarse en la respiración y dar el paso siguiente; el despertar a la intuición. Digo deliberadamente despertar a la intuición, porque la intuición está siempre presente, no se duerme jamás y no necesita ser despertada.

El estudiante debe volver a la actitud de interrogación y de investigación que adoptó durante la meditación, pero esta vez el interrogante debe dirigirse no ya al cuerpo, a los deseos o a los pensamientos, sino a la misteriosa oscuridad que rodea su mente.

¿Quién soy yo?

¿Quién es éste ser que habita dentro de este cuerpo?

Deberá dirigir a sí mismo estas silenciosas preguntas, lenta, aplicadamente, con una total concentración del alma.

Después deberá esperar unos minutos, meditando tranquilamente y sin esfuerzo estas preguntas.

Posteriormente hará un pedido humilde y silencioso, casi una plegaria, dirigida al Yo en el centro de su ser, para que este revele su existencia. Las palabras en que formule el pedido deben ser palabras propias, pero tendrán que ser simples, breves y directas. De hablar como si se dirigiera a un amigo verdadero e íntimo: “Pedid y se os dará”, dijo Jesús, cuyo estado de conciencia era el del Yo en estado puro.

Una vez hecho el pedido, o silenciosamente musitada la plegaria, deberá hacerse una pausa y esperar ansiosa y confiadamente una respuesta. Digo “confiadamente” y, sin embargo, debe haber profunda humildad de alma cuando se pide la divina revelación. La humildad es el primer paso en el sendero secreto… y también será el último. Porque antes que la divinidad pueda instruir al hombre por la revelación de su propio yo, es necesario que él sea susceptible de instrucción, es decir: humilde.

Los dones intelectuales y el saber son cosas admirables y adornan al hombre, pero el orgullo intelectual pone una poderosa barrera entre él y la vida más elevada que constantemente lo llama, aunque sea en silencio. Los intelectualmente orgullosos están sentados sobre sus pequeños pedestales y esperan ser adorados, mientras, que en el fondo de sus corazones, habita una deidad, que es la única digna de recibir adoración. Nuestro yo intelectual, como un pavo real, se pasea ante la mirada admirativa del mundo; pero el que ha engendrado sus talentos, el creador verdadero de todas nuestras obras, el que ha transmitido el principio de la vida, permitiéndonos así existir, se contenta con permanecer en la sombra, desconocido e ignorado por los hombres.

Es sumamente difícil reconocer nuestra propia pequeñez, nuestra ignorancia y nuestra vanidad. Y sin embargo, es la conquista más grande, porque nos conduce directamente al encuentro de la vida divina, que prometió Cristo a todos los que perdieron la vida personal.

No necesitamos los conocimientos ni la cultura de una mente distinguida para entender y apreciar estas enseñanzas. Los simples, los analfabetos y los primitivos podrán llegar igualmente a ellas por un acto de fe y por la plegaria, y podrán entrar también con más facilidad en el estado de ánimo de reverencia.

Cuando llegamos al Yo superior por medio del análisis de nosotros mismos, los maduros estudios filosóficos dan escasa ventaja sobre el hombre de la calle. Y esto no quiere decir que tales estudios carezcan de valor; por el contrario, pues enseñan a la mente útiles prácticas de abstracción, de concentración y de profundidad. Es sólo por engendrar el orgullo de la sabiduría y el egoísmo de la importancia de nosotros mismos que levantan barreras sobre el sendero verdadero. El dominio de una docena de diferentes sistemas de intrincada filosofía no es tarea para muchos y, sin embargo, el dominio del orgullo personal es mucho más difícil. La humildad llega más fácilmente a los analfabetos y a los ignorantes, porque ellos tienen conciencia de su inferioridad social y mental. Y la humildad es esencial en todas las etapas del Sendero Secreto.

Los grandes secretos elementales de la vida son tan sencillos que muy pocos los ven. La gente es complicada, los intelectos son complicados, no la vida. Por lo tanto digo: atesorad en vuestro corazón y llevad siempre en vuestra mente la memorable frase de Jesús: “A menos que seáis semejantes a uno de estos pequeños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Las tremendas especulaciones teológicas no son necesarias para entender las simples verdades del Espíritu.

Hasta el momento, todos los esfuerzos del estudiante para descubrir su verdadero yo han sido dirigidos con deliberación, queridos conscientemente, voluntarios. Ahora ha llegado así al punto en que se requiere un viraje completo del procedimiento, donde la personalidad debe cesar de realizar nuevos esfuerzos, pues ha llegado al fin de la tarea que le fue asignada.

Todo el proceso de meditación es simple y consiste en elegir sencillamente este tema de la indagación del yo entre la multitud de las ideas que se presentan, pensar firmemente en él y nada más. Luego, cuando la actitud y la calidad de la concentración han sido desarrolladas vigorosamente, el estudiante abandona esta línea de pensamiento, se recoge en su interior y se pregunta quién es el que piensa en él. No trata de obtener una respuesta pensando acerca del Pensador; empieza por despojarse de toda clase de ideas y concentra toda su atención sobre el próximo despertar de este ser que ha estado cubierto por la pantalla de los pensamientos sin fin.

Durante la pausa que sigue a esta solicitación silenciosa, debe suspender la corriente de los pensamientos tanto como pueda, adoptando la actitud de quien espera atentamente que se le dé una respuesta. Después de esperar dos o tres minutos, puede repetir su pedido y esperar de nuevo. Después del segundo período de prueba, que puede durar de tres a cuatro minutos, se repetirá el pedido una tercera y última vez. Luego deberá esperar con paciencia, fervorosamente, por un lapso de unos cinco minutos, con el cuerpo inmóvil, la respiración lenta y tranquila, la mente en calma. De este modo termina su meditación.

La clave para una correcta interpretación de esta etapa consiste en recordar que lo más importante ahora es la reacción subconsciente al esfuerzo consciente que se realiza. La práctica consciente del reposo mental ha sido útil para la intensificación de la atención; es como tocar un timbre. Será necesario esperar que el subconsciente salga ahora a abrir. No hay que insistir demasiado, no hay que fatigarse excesivamente; es necesario dar al Yo Superior confianza y crédito para que manifieste su propia inteligencia, su acción específica.

Se puede estar pasando por un período en el que no llegue ninguna respuesta, cuando la nada suprema reine dentro del alma. Antes de abandonar esta “tierra de nadie” del alma, un sentimiento de intensa soledad puede adueñarse de uno. Pero tal sensación pasará. Si no se está preparado a ejercitar la paciencia mientras se espera silenciosamente esta revelación, se destruirá toda posibilidad de éxito.

La paciencia es importante. Debemos esperar humildemente por la revelación del Infinito que está dentro del hombre. Hasta que llegue la hora sagrada, seremos unos pobres huérfanos. Aquellos que introducen cualquier elemento de impaciencia durante este período de quietud mental, lo que hacen en realidad es perjudicarse.

De aquí en adelante, el estudiante debe vigilar minuciosamente la aparición de las primeras señales confirmatorias, las pruebas de que ha tomado el buen camino, las primeras y débiles evidencias de los movimientos de su yo más profundo dentro de él. Tales signos y señales nos son mostrados por el alma, pero muchas veces no son entendidos o simplemente no se las advierte.

Las primeras evidencias llegan quietamente, tan quietamente como cuando el sol insinúa su resplandor sobre un mundo en sombras, tan levemente que el estudiante quiera tal vez rechazarlas, pensando que son fantasías inútiles, pensamientos sin sentido o imaginaciones sin importancia. Hacerlo sería cometer un grave error. La voz del Yo Superior se oye al principio como un ligero susurro, y hay que escuchar atentamente. Los movimientos más tenues de corazón deben recibir una atención plena e indivisible, y el estudiante debe considerarlos con respeto y veneración, como mensajeros de un reino más alto. Estos enviados no son más que los heraldos de una fuerza dinámica que habrá de llegar más adelante, y que penetrará a todo su cuerpo con un poder de origen divino.

Hay algunos sutiles matices de sentimiento y de pensamiento que pasan por lo general inadvertidos o que se desechan en la vida diaria corriente. Estas experiencias desechadas son precisamente el material que el mediador debe utilizar a fin de cultivar y desarrollar. Habrá de concentrar todo su poder de atención sobre ellos, en cualquier momento que aparezcan, haciendo lo posible para someterse plenamente a esos estados.

En estos extraños momentos descubre lo que casi podría llamarse un segundo yo interior. Tales instantes pueden ser raros; incluso puede sentirlos sólo a intervalos irregulares. Pero su misma existencia evidencia algo que es. Estos estáticos momentos proporcionan una pista sobre la verdadera naturaleza del hombre.

Dentro de cada uno de nosotros hay pozos superpuestos de paz espiritual que no han sido cubiertos, de inteligencia espiritual que no han sido tocados. De vez en cuando llegan a nosotros los susurros que provienen de este segundo yo, unas voces veladas que nos piden que dominemos nuestros instintos, que tomemos el camino más alto y trascendamos el egoísmo. Debemos escuchar esas insinuaciones, aprovechar esos raros momentos. En ellos tenemos vislumbres de lo que podemos llegar a ser. Si estos instantes en que tenemos un relámpago de percepción espiritual pudieran prolongarse, ganaríamos la felicidad eterna. Porque hay algo que a veces se hace sentir de este modo en la profundidad misteriosa del alma. No sabemos qué es, pero podemos saber lo que dice. “Todo lo que de mejor hay en ti, eso soy yo”, dice su voz silenciosa. Esa voz está dentro de nosotros, y sin embargo permanece aparte, santificada.

El objeto de esta obra sobre quietud mental es entrar en el reino al cual los psicólogos llaman a menudo el subconsciente.

La respuesta de la intuición que despierta puede venir la primera vez que se practica este ejercicio, o puede llegar después de varias semanas y aun meses de práctica diaria. El estudiante que ha dominado plenamente todas las etapas previas está ya en situación de beneficiarse considerablemente si encuentra la ayuda de un Adepto auténtico, que ahora puede hacer nacer en él la intuición por medio de ciertos métodos secretos. Si tal encuentro es imposible o impracticable —porque encontrar Adeptos genuinos es extremadamente difícil en el mundo moderno—, en ese caso debe continuar adhiriéndose fielmente a las instrucciones que aquí se dan.

Extracto de PAUL BRUNTON – EL SENDERO SECRETO
Una Técnica para el Descubrimiento del Yo Espiritual en el Mundo Moderno.

Fuente: Trabajadores de la Luz