Blog para el despertar de la consciencia

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EL DADOR DE RECUERDOS, UNA PELÍCULA SOBRE EL AMOR…

LA LEY DEL CRECIMIENTO

Fuente: formarse.com.ar

Crece todo aquello en lo que piensas. Este es un refrán oriental, y resume nítidamente la mayor y más fundamental de todas las leyes de la mente.

Crece todo aquello en lo que piensas. Aquello que permites que ocupe tu mente lo amplificas en tu propia vida. Ya sea tu pensamiento bueno o malo, la ley opera y la condición crece. Cualquier asunto que mantengas fuera de tu mente tiende a disminuir en tu vida, porque lo que no utilizas se atrofia.

Cuanto más piensas en tus agravios o en las injusticias que has sufrido, tanto más seguirás recibiendo tales percances; cuanto más pienses en lo afortunado que has sido, mas buena fortuna vendrá a ti.

Esta es la básica, fundamental y toda -incluyente ley de la mente, y de hecho toda la enseñanza psicológica y metafísica son apenas comentario sobre ella.

Crece todo aquello en lo que piensas.

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en eso pensad.” (Filipenses 4:8)

Libro “UN AÑO CON EMMET FOX”

GABRIEL SILVA, UN CABALLERO HERMÉTICO

Durante algunos días he ido viendo la serie de entrevistas que La Caja de Pandora está reailzando a Gabriel Silva, te dejo aquí las primeras cuatro de un proyecto de bastantes más (a deducir por lo que se comenta en ellas).
Todas muy interesantes si se ven con una mente abierta y sin pre-juicios. Se plantean interesantes conceptos y, sin duda, Gabriel Silva atesora infinidad de conocimientos que espero nos vaya desvelando poco a poco.
Gracias a los dos.



RAFAEL RIVAS: EL NOBLE ARTE DE VIVIR

El noble arte de vivir

Posted: 11 Jul 2012 07:18 AM PDT

Vive la vida intensamente, no pienses en lo que te queda por vivir.

No dejes que te roben ni la infancia, ni la juventud, porque en la madurez ya te encargarás tú de que no lo hagan si has vivido tu vida correctamente.

Sé bueno y servicial con todo el mundo, incluso con aquellos que no lo merezcan, y nunca guardes rencor a aquellos inconscientes que no sepan valorar tu generosidad.

Sé fuerte, honesto y justo contigo, para poder serlo con los demás.

Vive la vida profunda y alegremente, pues es un don divino que muchos seres añoran, sin conseguirlo.

No hagas acopio de fortunas ni de cosas materiales, pues ello te ata a lo más miserable de la existencia: la injusticia social y la envidia. En cambio, cultiva todo lo que puedas las artes, los viajes, el humanismo y el autoconocimiento, pues ello te hará libre.

Piensa en todo ser vivo como tu igual, pues no eres tú el más indicado para juzgar la evolución de las especies.

Pon la “ciencia” en cuarentena, ya que los racionalistas no lo hacen; lo que no se pueda medir o rebatir hoy, se hará mañana. Pero el verdadero conocimiento de tu naturaleza, de tu ser esencial, eso, nadie más que tú podrá conocerlo ni rebatirlo.

Sé feliz en lo cotidiano; da gracias por el día y por la noche por el descanso merecido y por el trabajo responsable, bien hecho y enriquecedor.

Por la inocencia y la sabiduría de la bondad, da gracias, así como por la oportunidad de compartir tu vida con aquellos seres que amas, y también por las enseñanzas y experiencia que recibes de aquellos que te odian, pues éstos y aquellos son nuestros maestros.

Percibe los momentos más duros de tu vida como un cambio de piel, como un renacer a un nuevo yo, más puro, más espiritual y evolucionado.

En cambio, los momentos más felices deberás disfrutarlos con sencillez, generosidad, abierto al mundo, viviendo el presente y teniendo en cuenta la impermanencia de las cosas. Sé consciente de ese momento feliz y atrápalo, estrújalo hasta el último segundo con placer, sabiendo que ese momento imborrable te acompañará hasta el momento de tu muerte, de tu cambio de morada…

Todo esto me lo dictó de forma automática e ininterrumpida mi ser esencial, aquel que siempre me acompaña calladamente, con prudencia y conocimiento, con serenidad y humildad, y que sólo algunas veces -algunas de madrugada- me urge para que exprese nobles deseos y sentimientos para los demás, dulces regalos traídos de otra dimensión, de lejanos parajes. En esta ocasión para ti, querido hijo. Vive y sé feliz, lo demás no cuenta.

Rafael Rivas
16 de julio de 2007

UNA VIDA PLENA HASTA LA VEJEZ (PARTE 1)

La persona entra en años; sin embargo, el ser viejo es el acuñamiento de un rasgo de carácter nacido de una forma errónea de pensar y de actuar.

Aceptar la edad significa: no volverse viejo. El volverse viejo comienza con el quejarse mucho de lo penosa que es la vida terrenal.

Ser joven no es sólo una etapa en el ciclo de vida de una persona, sino que es una postura interna que no está sujeta ni a un tiempo ni a una edad determinados. Que la persona sea joven o mayor en años, no es lo decisivo; depende de qué es lo que hace la persona con su vida. Eso es lo que cuenta y lo que revela cuán joven es ella anímicamente.
El desarrollo de la vida terrenal depende de los pensamientos de la persona. Pues, tal como la persona piensa, así será a más tardar en la vejez.
Quien sólo gira en torno a sí mismo, es viejo, no importa cuántos años cuente su vida terrenal.

Quien en la juventud y en la mitad de la vida reflexiona conscientemente sobre valores más elevados en la vida, aspirando también a ellos, en la vejez seguirá siendo dinámico y juvenil.

Un consejo a los jóvenes: ¡No os dejéis llevar!

Quien desee permanecer espiritualmente despierto y activo hasta en la edad avanzada, no debe dejar de aprender, y sobre todo, no tiene que perder de vista la meta de vida que uno se ha propuesto, porque lo que vale es: ¡Adelante, siempre adelante! Así, la meta a la que uno aspira va tomando cada día más forma.
El paso interno decisivo para el desarrollo de nuestra vida terrenal, sea en la juventud, en la mitad de la vida o en la vejez, es el reconocimiento de que toda la vida terrenal es un aprendi-zaje. Quien deja de aprender, no puede madurar espiritualmente.
La vida es para el ser humano y para el alma una constante evolución. Un aprender que desem-boque en una nueva y más alta forma de pensar y de obrar, de más alcance, mantiene vivo al espíritu y joven al cuerpo.

La persona, sea joven o vieja, debería luchar por hacerse consciente de que la vida terrenal sólo es la fase previa hacia una vida más elevada, y que el fallecer sólo es el paso a otra forma de existencia, que a su vez significa vida. El beneficio vital, del que hablan jóvenes y viejos, no reside en las múltiples distracciones de los sentidos, sino en las metas y en los pasos hacia una vida con una ética y moral más elevadas.
Aprender significa obtener claridad en sí mismo en la orientación hacia una meta de vida más elevada, y cumplir luego aquello que uno ha reconocido. Esto aporta seguridad interna, libertad interna, y la fuerza para seguir avanzando.

Vivir conscientemente significa aprender conscientemente a afirmar cada etapa de la vida y sacarle provecho espiritual. Pues la calidad de vida más elevada, que se puede seguir desarro-llando y ampliando cuando uno va entrando en años, no sólo depende de los años, sino de la postura espiritual de la persona. Quien haya dejado de trabajar en sí mismo, tampoco desarro-llará valores éticos y morales, y tampoco dará buenos frutos para aportarlos a la sociedad.

Sólo la vida verdadera, vivida, tiene significado, no así el placer por la vida terrenal.
También la edad madura nos ofrece muchas, muchas posibilidades, sobre todo cuando se va retirando el apremiante afán de subir hacia lo alto en el terreno profesional. Cuando el afán de querer y desear discurre por cauces más tranquilos y la edad exige una mayor tranquilidad de ánimo, más de uno puede descubrir sus aptitudes y disposiciones hasta entonces latentes y desarrollar sus talentos ocultos, para, si lo desea, ponerlos a disposición de sus semejantes.

Vida es Dios. La vida verdadera, vivida, nos resguarda en la vejez de debilidades, de la soledad y del ser viejos.

¡Quitémonos de encima lo viejo! Ahora vale: ¡Adelante, hacia nuevos horizontes! Lo que significa: ¡Demos nueva forma a nuestra vida!

Si conseguimos considerar este cambio en nuestra existencia como una oportunidad para cambiar de perspectiva, seguro que pronto se nos ocurrirán posibilidades de dar a nuestra vida un sentido nuevo y bueno. Buenos propósitos durante mucho tiempo albergados y cuya realiza-ción se veía obstaculizada por las circunstancias, tal vez pueden ser realizados ahora. Si nos lo proponemos seriamente, pronto emergerá esperanza y la confianza en que más de una cosa cambiará para mejor.

Nosotros mismos tenemos en las manos las riendas de nuestra vida y de nuestro destino. ¡Aprovechemos la nueva oportunidad! Merece la pena, no sólo para el aquí y el ahora, no sólo para esta vida terrenal. Muchas cosas pueden aún cambiar –entre otras cosas también podemos cambiar nosotros mismos. Así usted experimentará cuánta alegría y felicidad produce el contri-buir desinteresadamente a la alegría de otras personas.
El contenerse y ser discreto y estar desinteresadamente a favor y por otras personas es una virtud que podría practicarse y perfeccionarse especialmente en la edad avanzada. Tan pronto como la persona de edad lo haya reconocido, esto se convertirá en su postura básica, y así tendrá en sus manos la llave de una vida plena –también en la edad avanzada. Y la vida le «recom-pensará» a su manera: como hemos dicho, adquirirá mucha, mucha vida. Pues el seguir siendo útil a los demás en la edad madura es un ejercicio que da riqueza interna, especialmente a las personas de edad.

Aspiremos a permanecer espiritualmente flexibles. Esto es posible por medio de un aprender consciente, pues cada día nos pone ante nuevas tareas. Quien diga un sí a ellas a partir de la fi-delidad interna hacia la vida, también las superará. Pues Dios es en todo la ayuda, el consejo, la respuesta, la solución, y Él ciertamente sabe conducir a Sus hijos humanos.
El reconocimiento temprano de que sólo somos huéspedes en la Tierra no se contentará con las costumbres antiguas y despreocupadas que se apoderan de muchas personas. Quien sea consciente de ello, siempre tendrá la mirada dirigida hacia el interior, al fondo del alma, donde vive Dios, teniendo la certeza de que Dios es amor, belleza, pureza, justicia; Él es la vida eterna. A partir de esta certeza, la sabiduría, la persona que tenga en cuenta la regla de oro para la vida obtendrá su beneficio para la vida: lo que no quieres que te hagan a ti no se lo hagas tampoco tú a nadie. Dios está siempre dispuesto a atendernos, a cada uno de nosotros, pues somos Sus hijos.

Quien llena su vida terrenal con las reglas para la vida de Jesús, el Cristo, puede decir: la vida es imperecedera. En Cristo soy vida eterna.

En realidad ninguna persona está sola. Dios, el Espíritu de nuestro Padre eterno, está en noso-tros.
Quien es consciente de esto, no es pusilánime; no se entrega a las debilidades de lo humano inferior. Desde la consciencia de la fuerza eterna, del amor y de la sabiduría, exigirá de sí lo más elevado. Esto le capacitará para servir a sus semejantes y a Dios y para llevar a cabo las obras del amor a Dios y al prójimo. La fuerza, el amor y la sabiduría de Dios le asistirán en todas las situaciones de la vida.
Una persona que se atiene a la regla de oro para la vida, tiene en sus manos las llaves de la verdadera vida.

La inmundicia que se ha amontonado como un obstáculo en el camino de nuestra vida, será eli-minada con el arrepentimiento, la purificación, y el no volver a hacer lo mismo, de manera que el Espíritu eterno, que es el amor, nos puede asistir y conducir.
¡Pidamos ayuda a Cristo! Él, que ama a cada uno de nosotros y que con tanto agrado quiere ayu-dar a cada cual, apoyará con toda seguridad nuestros movimientos positivos, así como quiere Dios, y animará las finas sensaciones de nuestra elevada imagen de existencia interna. Sin em-bargo, la decisión de dar el paso y el cambiar lo necesario, reside y está en manos de cada uno, en la persona misma. Cristo nunca intervendrá en nuestro libre albedrío, que es un componente esencial de nuestra herencia eterna.

Hagámonos conscientes de lo siguiente: El miedo a cualquier enfermedad es el camino a la enfermedad. Por eso deberíamos acostumbrarnos a llenar nuestro corazón con la confianza en Dios, el Eterno, y a liberarnos de miedo, de envidia y de pensamientos de odio.

¡Ten valor! Dirígete diariamente –si es posible, varias veces al día–, al infinito Espíritu del amor y de la misericordia en ti. Él conoce tus asuntos. Él conoce tus puntos débiles y los fuertes. Reza y confíate a Él. El eco que llega desde el fondo de tu alma es libertad, alegría, pureza y nobleza de sentimientos. Esa es la repuesta de Dios. El miedo que teníamos hasta ese momento ante lo ve-nidero, a la soledad, a dificultades y problemas, se convierte en acogimiento, que a su vez fluye desde lo más interno, del Eterno, que tiene en Sus manos tu vida; es el Padre de la eternidad.

FUENTE: trabajadoresdelaluz.com.ar

LA VERDADERA DIMENSIÓN DEL AMOR

Se me hace difícil entenderlo porque no dejan de ser sensaciones que a veces duran la mitad de medio segundo, pero me dejan un regusto tan grato que parece un momento infinito.

Hace una hora, subiendo las escaleras, sonrío y recuerdo ese momento en que mis hijos jugaban delante de mi, sin darse cuenta de que yo les miraba… ni yo mismo me daba cuenta de que estaban jugando, pero al recordarlo veo ese segundo de tiempo y mi alma llora de emoción, es la plenitud de saberse vivo. Son tantas cosas desbordadas que hacen valorar la relatividad del tiempo desde la óptica del amor. Todo pasa junto y a la vez y las lágrimas están listas para salir y refrescarte la cara.

Entonces, después de que me pasen estas cosas, me pregunto sobre la verdadera dimensión del amor y no encuentro respuesta fácil. Recuerdo momentos en los que de una forma u otra he vuelto a experimentar sensaciones similares a la que he vivido hoy subiendo la escalera, recuerdo a amigas y amigos, a familiares… momentos dulces sin dudarlo, pero igual de leves, sutiles, sólo ofrecidos para ese momento de sensibilidad, de percepción, del darse cuenta. Entonces veo que sólo puede haber una cosa que responda a la verdadera dimensión del amor: la consciencia, si, con la ese. Me gusta más así porque es más consciente todavía. El darse cuenta de la vida, de los detalles, nos hace apreciar el amor en su forma plena.

Cuando estás conduciendo tu coche y estás pensando en tus cosas estás recordando momentos, te estás dejando llevar y te abandonas, incluso no te das cuenta de que has recorrido ya el trayecto y has llegado a tu destino. Pero cuando te ocurre lo mismo y ADEMÁS te das cuenta de por dónde vas con tu coche, cuando ves el pájaro que se cruza apurado, cuando observas los árboles del arcén cómo se mueven al viento, cuando frenas con anticipación para no sobresaltar a esa persona que espera que la veas en el paso de peatones… y también estás sumido en tus pensamientos, y también al mismo tiempo te abandonas… entonces estás degustando grandísimos momentos de consciencia. Estás en todos esos niveles a la vez porque te estás dando cuenta de todas las cosas a la vez.

No sé, yo lo vivo así.

Y también pienso que no sólo tiene que existir una verdadera dimensión del amor, puede que existan más, pero la consciencia es para mi fundamental. Incluso digo que sin consciencia no debe poder existir el amor.

Tengo un perro y veo que me ama, porque yo le envío amor y él me lo devuelve a su manera, entonces me pregunto si tiene consciencia, o momentos de consciencia al menos. No lo dudo, SI, la tiene ¿Por qué no?. No habla, pero él y yo tenemos nuestro código y sabemos cuándo, cómo y por qué. Me ayuda mucho observarlo y ver sus reacciones, es joven y estoy convencido de que si pudiese hablar me ayudaría todavía más a ser mejor persona porque él tiene, indudablemente, otra perspectiva de la realidad. Al fin y al cabo los animales son puro amor porque carecen de moral, pero eso es otra historia.

Ahora estoy intentando practicar el amor, en su sentido más extenso, con grandes retos que la vida me pone delante.

Determinadas personas que aparecen en mi vida y que ponen a prueba mi paciencia, mi humor, mi tolerancia, están ahora presentes en mis pensamientos más que antes. Hace unos meses deseaba que no se cruzasen en mi camino, ahora no es que desee lo contrario, pero mantengo ese punto de atención en ese momento, que sé que ocurrirá, para observarme, para ponerme a prueba y ver cuál será mi reacción consciente desde el amor cuando se produzca el encuentro.

Ya he tenido un par de encuentros de ese tipo y puedo decir que no ha ido mal del todo… Lo más grande del asunto es darse cuenta de que se dán. Mi secreto consiste en mirar, respirar tranquilo y escuchar… intento no hablar casi y dejar, si se da el caso, que la otra persona hable lo que tenga que decir… intento sonreir y observarla, de esa forma, con una ligera sonrisa y mi silencio puedo liberar mi amor. A mi me funciona así.

Todavía no he tenido encuentros de mayor intensidad. Todos tenemos personas en nuestros círculos cercanos que han venido a la Tierra con nosotros para ponernos a prueba, son personas que posiblemente ya hayan tenido relaciones con nosotros en vidas anteriores y que, de una forma u otra, bien o mal, antes o después, han interactuado con nosotros para bien o para mal. Ahora están aquí para recuperar, cancelar o retomar aquello que se dejó abierto, y esas personas son las que aparecen en nuestra vida en forma de vecinos, familiares, o desconocidos que de una forma u otra nos hacen reaccionar por medio de diferentes intercambios. Cómo reaccionemos ya es cosa nuestra, y la forma de reaccionar nos va a dar una pista sobre nuestro nivel de consciencia y de evolución.

Ahora sé que esto es así, y no porque me lo haya contado nadie, sino por la suma de experiencias y aprendizajes de aquí y de allá, conclusiones que te hacen pensar, preguntas formuladas que te hacen caer en la cuenta… ¿Cómo es posible que esa persona me odie tanto si nunca he hablado más de 4 palabras con ella?¿No te ha ocurrido nunca?¿Qué hacer en esos casos? Dar Amor con consciencia, darlo como a tí te salga. A mi me sale respirar, observar, sonreir si puedo y hablar poco. Nunca entrar en el juego que se plantea, nunca mostrarse violento ni tan sólo discutir porque ahí entra el ego en modo máxima velocidad y todo se vuelve denso y oscuro. Es una dura prueba que se empieza a superar dándose cuenta de que es una prueba y no un azar del destino, consciencia.

Tener la posibilidad de apreciar un momento en el tiempo es un gran regalo, poder observar cómo recibimos un abrazo, ese momento fugaz que nos deja un beso, vivir a cámara lenta una sonrisa de algún ser querido… se trata de observar con el corazón. Si, eso debe ser. Ver con el corazón aquello que ves con los ojos es la imagen más cercana que se me ocurre para explicarlo. Entonces es posible que estemos caminando por la senda del amor, de la consciencia con la letra ese y entonces es posible, sólo posible, que vivamos más intensamente lo que otros sólo viven de puntillas porque todavía no pueden dedicar todos sus sentidos a la experimentación del amor, antes deben resolver otras cosas que no vienen aquí a cuestión.

Con todo mi amor, Wabbbla.