Blog para el despertar de la consciencia

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CONSEJOS AL HOMBRE PARA HACER MEJOR EL AMOR A UNA MUJER

Puedo decirte que es el mejor, más claro y más sincero mensaje que conozco hasta ahora, dirigido a los hombres sobre cómo hacer BIEN el amor a una mujer. Además dicho por una mujer, Neus, de ElMundoDeNeus. Amor y consciencia.

No dejes de verlo.

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NOSOTROS: ENTREVISTA EN RW RADIO DIGITAL

Te dejo la grabación de la entrevista en la que hablo sobre el libro “NOSOTROS. UNA REVOLUCIÓN DESDE EL CORAZÓN”

EMILIO CARRILLO: TU EGO Y TÚ (SEGUNDA TEMPORADA)

Te dejo otra intervención de Emilio Carrillo donde explica en diferentes niveles de profundidad qué supone vivir desde el ego y vivir desde la consciencia. Una intervención inspirada en lo divino ya que no tiene ningún punto de duda, claridad de conceptos y profundidad de razonamientos. Inexcusable.

Gracias de nuevo Emilio.

AGRADECER ES BUENO, MUY BUENO (LA FILOSOFÍA Y LA CIENCIA LO DICEN)

Fuente: Centro Nagual

Noviembre 15, 2015 por Faena Aleph
Publicado en: Consejos vitales

Desde un punto de vista filosófico, metafísico, la existencia se ha considerado a partir de la noción de carencia. Cuando se piensa que vivir es más bien sobrevivir, este matiz implica que no somos seres plenamente autónomos, autosuficientes, que con frecuencia necesitamos algo que no tenemos para preservar nuestra propia vida. El alimento, el sitio donde vivimos, el afecto, el conocimiento: casi cualquier cosa que pensemos, en algún momento la obtuvimos de alguien más.

Esta circunstancia tiene varias implicaciones en nuestra vida; una de ellas, en la que se repara poco, es la gratitud, ese gesto en el que se condensa el doble reconocimiento de nuestras propias limitaciones y, por otro lado, de cómo es en otra persona donde encontramos los medios para ir más allá de dichas limitaciones. Octavio Paz, al recibir el premio Nobel de Literatura en 1990, advirtió:

Comienzo con una palabra que todos los hombres, desde que el hombre es hombre, han proferido: gracias. Es una palabra que tiene equivalentes en todas las lenguas. Y en todas es rica la gama de significados. En las lenguas romances va de lo espiritual a lo físico, de la gracia que concede Dios a los hombres para salvarlos del error y la muerte a la gracia corporal de la muchacha que baila o a la del felino que salta en la maleza. Gracia es perdón, indulto, favor, beneficio, nombre, inspiración, felicidad en el estilo de hablar o de pintar, ademán que revela las buenas maneras y, en fin, acto que expresa bondad de alma. La gracia es gratuita, es un don; aquel que lo recibe, el agraciado, si no es un mal nacido, lo agradece: da las gracias.

El agradecimiento, en este sentido, posee una profunda dimensión simbólica, su sentido se mueve en ese campo de lo simbólico en donde podemos entenderlo, reproducirlo y, en el mejor de los casos, llenarlo de significado. Agradecer, ser agradecidos, tomar en cuenta el agradecimiento de otra persona: todas estas son situaciones en las que se revela con nitidez nuestra cualidad empática, esa fortaleza de nuestra especie que también está relacionada con la cooperación y la vida en colectivo.

En la neurociencia contemporánea, la gratitud se ha revelado como una conexión de distintas áreas de nuestro cerebro que parecen fortalecer nuestra naturaleza humana. De acuerdo con una investigación dirigida por Glenn R. Fox, agradecer activa las regiones cerebrales asociadas con la cognición moral, los juicios de valor y la abstracción, esto es, los córtex cingulado, prefrontal y medio. Asimismo, en un segundo momento intervienen zonas relacionadas con la recompensa, la satisfacción y las emociones positivas, específicamente por percibir que podemos hacer algo bueno por otra persona. Por último, cabe destacar que según ese mismo estudio, la gratitud deja a las personas un último beneficio: una comprensión profunda, sensible, de un hecho trágico.

Agradecer, en suma, es una suerte de hábito inscrito en nuestra existencia, dueño de su propia poesía pero sustentado también en nuestra estructura fisiológica más concreta. Un rasgo que, conforme lo ejercemos, fortalece lo mejor de nuestra humanidad.

¿CÓMO HABRÍAMOS SIDO SI?

Un artículo de Mariano Alameda. centronagual.es

Tus padres hicieron contigo lo que pudieron con lo que sabían.

Tus padres te querían como ellos eran capaces de querer, que es exactamente lo mismo que como les habían enseñado a quererse tus abuelos.

Tú te quieres, en el fondo, como fuiste querido y así es como sabes querer a otros.

Imagina un niño o una niña que ha sido gestado en un acto de amor y deseo limpio, pasional, encendido, cargado de energía, confianza y admiración. Imagina que ha sido gestado nueve meses en un cuerpo de mujer sano, fuerte, relajado, tranquilo, alegre. Imagina haber sido un hijo o hija deseada y que el recinto sagrado que te acoge te transmitiera mientras te formas la belleza del pensamiento, la voz y las emociones de esa madre que canta esperando mientras toma el sol abrazada por su pareja.

Imagina que en la titánica lucha orgiástica de tu parto consciente, la guerrera que te da a luz es una mujer confiada en su poder, a la que se le permite expresar su confianza mientras la fuerza de la naturaleza atraviesa su cuerpo en un acto catártico de intensa bienvenida. Imagina que recién llegado al mundo tras el viaje del héroe de tu nacimiento, eres recibido con caricias, músicas, murmullos, calor, afecto, miradas dulces y leche santa. Imagina que el aire que invadió tus pulmones te llenó de vida y no de dolor. Imagina que sano resulta descansar y dormirse entonces en el pecho caliente que se mece cargado de ternura mientras las voces de tus padres relatan en tus oídos lo bello y bueno que resultas para ellos y la luz del mundo recién descubierto destella entre tus pestañas. Imagina que el objetivo de quienes te acogen fuera que tu sufrimiento resultara cero.

Imagina que el entorno en el que vives tu infancia es la casa donde la madre, la diosa -Venus- del amor, siempre tiene una mirada limpia, una sonrisa dulce para cuando la buscan tus ojos y un pecho amoroso y feliz que ofrecerte como juego y como consuelo. Que en esa casa rige un padre -Marte- poderoso y benévolo, protector y orgulloso de ti, que te proporciona un lugar seguro y estable donde jugar a mil juegos para enseñarte sonriente cómo funciona el mundo. Imagina que te dieras cuenta de que Marte y Venus se miran con un brillo especial, te besan con un olor especial, se quieren con una unión especial. Te das cuenta de que quieres ser como mamá para gustar a papá y que quieres ser como papá para gustar a mamá. Asi ambos te mirarían encantados de que existieras, se mirarían encantados entre ellos, y tu presencia les haría sentirse aún más vivos y felices. Y tú te sentirías entonces amado y protegido, respetado y escuchado, atendido y valorado, acompañado y aplaudido. Ambos te mostrarían el mundo, aportándote las estrategias para solventar sus desafíos, pero siempre con un abrigo interior de afecto y autoestima que te haría sentirte caliente aunque el mundo en ocasiones pudiera resultar algo frío porque siempre habría un hogar encendido en tu corazón.

Imagina como habría sido tu vida y lo que hubiera sido que un padre fuerte, valiente, protector, seguro, estable, creativo, mágico, sonriente y orgulloso te hubiera dicho un día mirándote orgulloso a los ojos: “quiero que sepas que ningún padre tuvo nunca mejor hijo”.

Imagina lo que hubiera sido tu vida si mirándote a los ojos tu madre alegre, risueña, feliz, dulce, cariñosa, comprensiva, acogedora y amorosa te hubiese dicho un día: “quiero que sepas que ninguna madre fue nunca tan feliz con un hijo”.

Si de alguna manera te avergüenza este planteamiento infantil es que tu inconsciente no cree merecerlo y hay que rechazarlo para no sentir el dolor de que tu demanda de amor no fue satisfecha. Por eso sueñas infiernos. Nada sale de la mente que no hubieran metido antes. Cuidad lo que metéis en la mente de los niños. Es lo que les va a construir su identidad. Y su identidad creará su mundo. Y el mundo que tenemos es el resultado de la suma de nuestras infancias.

Todos hemos hecho lo que hemos podido con lo que nos dieron. Todos tenemos buena voluntad, todos amamos y fuimos amados en la medida de lo posible. No se trata de juzgarnos, ni de culparnos a nosotros ni a quienes nos hicieron. Para todos es difícil darnos cuenta de las imperfecciones, especialmente las relacionadas con la maternidad y la paternidad. No hay problema, todo lo que nos hicieron nos trajo hasta aquí, los errores siempre se dan la vuelta y acaban trayendo ventajas proporcionales al dolor. Pero este texto solo pretende confrontarnos con las faltas de amor y que nos planteemos…

¿Cómo sería el mundo si…?

Mariano Alameda.

AQUÍ Y AHORA

Hoy quiero compartir una reflexión contigo. Tengo 48, y ya llevo unos años ocupándome de la información oculta, urgando aquí y allí, leyendo, conectando, dedicando tiempo a buscar respuestas que no son fáciles de encontrar. He asistido a conferencias, seminarios, jornadas, cursos… He visto películas, documentales, leído libros, hablado con personas… He ido poco a poco sacando conclusiones, he tenido conversaciones con gente que sabe, he viajado, he meditado y orado, y de momento solo sé que no sé nada.

Conozco muchas teorías que no se pueden demostrar sobre el origen del ser humano en la Tierra, sobre la existencia de Dios, de los ángeles, arcángeles, querubines, entidades luminosas y oscuras, sé algo sobre reptilianos, draconianos, illuminati, sobre el club Bildelberg, sobre intraterrenos y sobre el cuarto Reich en la Antártida. He estudiado algo sobre Un Curso de Milagros, visto vídeos de Enric Corbera, de la Casado, soy seguidor de la Caja de Pandora (y reportero), conozco sobre el Reiki, la sanación Zen de Suzanne, sobre las teorías de la Tierra Hueca, sobre las conferencias de Rodrigo Romo, sobre las investigaciones de mi amigo Rafapal, sobre Sergio Pop, Nicolás Pauccar, Víctor Brossa, Pamíes, Forcades, Cristian Zeballos, las matemáticas áureas y védicas de Adrián… He aprendido mucho con el enorme amor de Emilio Carrillo, he compartido un viaje a Egipto con el maestro piramidólogo Gabriel Silva, estoy rodeado de amigos y amigas que están también, en mayor o menor medida, en el tema del despertar de consciencia y he tenido experiancias muy positivas y alguna menos en estos mundos.

Puedo decir que intento que mi vida material aquí sea lo más coherente y equilibrada posible vibrando en la energía del amor y la luz, la paz y la humiladad. Me he preocupado de vivir en consonancia con la Tierra, ser honesto y honrado, coherente y bondadoso. Practico el perdón y la compasión pero siendo inflexible con la sinrazón y la injusticia… y al cabo, te preguntarás por qué te cuento todo esto.

Bien, mi conclusión en estos momentos sobre todo lo que he vivido hasta ahora es que no hay respuestas fuera, nadie va a venir a decirte que tú eres tal o cual cosa, ni que tienes la sagrada misión de salvar a la especie humana, ni que eres la encarnación de Jesús, Pedro, Lucas o Akhenatón, son adulaciones que van directamente a alimentar tu ego. La verdad auténtica no la vas a encontrar en ningún libro, por sagrado que sea, ni en ningún orador, documental o curso de lo que sea. No esperes que nadie te salve no se sabe de qué cosa, ni esperes conquestar el cielo por méritos, ni siquiera el infierno. No delegues su sagrado poder personal ni tus sentimientos, ni tu intuición, ni tu salud, ni tu tiempo, ni tu alegría, ni tu equilibrio, ni siquiera delegues tus obligaciones, ni tu alegría. Nadie aquí, ahora, puede atribuirse nada tuyo porque eso te pertenece solo a tí.

Todo eso que te rodea y que te influye existe para que tú tomes consciencia de tu enorme poder, tu poder de crear tu propia realidad aquí y ahora, de decidir qué vas a hacer el próximo segundo, día o año. Todas las cosas que te ocurren, en cierto modo, te ocurren porque tú las has provocado. Todas las personas con las que te encuentras aparecen en tu vida porque te van a ayudar a comprenderte a tí, aquí y ahora.

Las respuestas, amigo, amiga, las tienes en tí, dentro de tí, dentro de tu mente, de tus sentimientos y de tus emociones, de tus momentos de ira y de tus momentos de éxtasis. Sólo tú eres la clave para tu propia evolución, que ocurrirá justa y exactamente en tu nivel de comprensión porque solo te sirve a tí. Es tu experiencia de vida y es lo que te sirve para comprender.

Yo soy un ser intemporal, venido de ni se sabe dónde, que habita ahora un cuerpo basado en el carbono que está viviendo una realidad en este planeta, un juego dentro de una mátrix diabólica, dura, cruel y al tiempo tierna y amorosa… ¿Lo ves? Todo lo filtras tú a través de tu SER. Soy lo que quiera ser dentro de las limitaciones de esta realidad que habito, por eso estoy convencido de que todo es perfecto, todo está bien por muy mal que esté. Vivo en un tablero de juego pero mi existencia viene de antes e irá más allá. No te preocupes por nada, obra según tu corazón y utiliza tu razón para corroborar. Así puede que encuentres mejor la felicidad.

Evidentemente somos manejados, al menos supervisados, por algunos seres o entidades superiores, de lo contrario las cosas nos irían bastante mejor. No lo comprendo todo, pero de esto último estoy seguro. Vive, sé feliz y coherente y deja vivir, porque cada cual tiene su propio camino, al margen de valores morales, religiones y creencias. Somos dioses viviendo una partida para aprender más.

Yo sigo siendo.

Con todo mi amor, Wabbbla.

EL DESPERTAR DE LA INTUICIÓN

Cuando el estudiante ha terminado los ejercicios de respiración, está listo para la próxima etapa de esta práctica el próximo esfuerzo que debe realizar. Si ha practicado este ejercicio bien y con éxito, atrapará a la mente como a un pájaro en una red, el vuelo constante se detendrá, la actividad incesante se tranquilizará y yacerá en la red del control de la respiración sin aletear siquiera. No debe intentar regresar a la respiración normal por medio de un esfuerzo; es mejor que deje que su respiración se ajuste normalmente. La mente debe ahora cesar de concentrarse en la respiración y dar el paso siguiente; el despertar a la intuición. Digo deliberadamente despertar a la intuición, porque la intuición está siempre presente, no se duerme jamás y no necesita ser despertada.

El estudiante debe volver a la actitud de interrogación y de investigación que adoptó durante la meditación, pero esta vez el interrogante debe dirigirse no ya al cuerpo, a los deseos o a los pensamientos, sino a la misteriosa oscuridad que rodea su mente.

¿Quién soy yo?

¿Quién es éste ser que habita dentro de este cuerpo?

Deberá dirigir a sí mismo estas silenciosas preguntas, lenta, aplicadamente, con una total concentración del alma.

Después deberá esperar unos minutos, meditando tranquilamente y sin esfuerzo estas preguntas.

Posteriormente hará un pedido humilde y silencioso, casi una plegaria, dirigida al Yo en el centro de su ser, para que este revele su existencia. Las palabras en que formule el pedido deben ser palabras propias, pero tendrán que ser simples, breves y directas. De hablar como si se dirigiera a un amigo verdadero e íntimo: “Pedid y se os dará”, dijo Jesús, cuyo estado de conciencia era el del Yo en estado puro.

Una vez hecho el pedido, o silenciosamente musitada la plegaria, deberá hacerse una pausa y esperar ansiosa y confiadamente una respuesta. Digo “confiadamente” y, sin embargo, debe haber profunda humildad de alma cuando se pide la divina revelación. La humildad es el primer paso en el sendero secreto… y también será el último. Porque antes que la divinidad pueda instruir al hombre por la revelación de su propio yo, es necesario que él sea susceptible de instrucción, es decir: humilde.

Los dones intelectuales y el saber son cosas admirables y adornan al hombre, pero el orgullo intelectual pone una poderosa barrera entre él y la vida más elevada que constantemente lo llama, aunque sea en silencio. Los intelectualmente orgullosos están sentados sobre sus pequeños pedestales y esperan ser adorados, mientras, que en el fondo de sus corazones, habita una deidad, que es la única digna de recibir adoración. Nuestro yo intelectual, como un pavo real, se pasea ante la mirada admirativa del mundo; pero el que ha engendrado sus talentos, el creador verdadero de todas nuestras obras, el que ha transmitido el principio de la vida, permitiéndonos así existir, se contenta con permanecer en la sombra, desconocido e ignorado por los hombres.

Es sumamente difícil reconocer nuestra propia pequeñez, nuestra ignorancia y nuestra vanidad. Y sin embargo, es la conquista más grande, porque nos conduce directamente al encuentro de la vida divina, que prometió Cristo a todos los que perdieron la vida personal.

No necesitamos los conocimientos ni la cultura de una mente distinguida para entender y apreciar estas enseñanzas. Los simples, los analfabetos y los primitivos podrán llegar igualmente a ellas por un acto de fe y por la plegaria, y podrán entrar también con más facilidad en el estado de ánimo de reverencia.

Cuando llegamos al Yo superior por medio del análisis de nosotros mismos, los maduros estudios filosóficos dan escasa ventaja sobre el hombre de la calle. Y esto no quiere decir que tales estudios carezcan de valor; por el contrario, pues enseñan a la mente útiles prácticas de abstracción, de concentración y de profundidad. Es sólo por engendrar el orgullo de la sabiduría y el egoísmo de la importancia de nosotros mismos que levantan barreras sobre el sendero verdadero. El dominio de una docena de diferentes sistemas de intrincada filosofía no es tarea para muchos y, sin embargo, el dominio del orgullo personal es mucho más difícil. La humildad llega más fácilmente a los analfabetos y a los ignorantes, porque ellos tienen conciencia de su inferioridad social y mental. Y la humildad es esencial en todas las etapas del Sendero Secreto.

Los grandes secretos elementales de la vida son tan sencillos que muy pocos los ven. La gente es complicada, los intelectos son complicados, no la vida. Por lo tanto digo: atesorad en vuestro corazón y llevad siempre en vuestra mente la memorable frase de Jesús: “A menos que seáis semejantes a uno de estos pequeños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Las tremendas especulaciones teológicas no son necesarias para entender las simples verdades del Espíritu.

Hasta el momento, todos los esfuerzos del estudiante para descubrir su verdadero yo han sido dirigidos con deliberación, queridos conscientemente, voluntarios. Ahora ha llegado así al punto en que se requiere un viraje completo del procedimiento, donde la personalidad debe cesar de realizar nuevos esfuerzos, pues ha llegado al fin de la tarea que le fue asignada.

Todo el proceso de meditación es simple y consiste en elegir sencillamente este tema de la indagación del yo entre la multitud de las ideas que se presentan, pensar firmemente en él y nada más. Luego, cuando la actitud y la calidad de la concentración han sido desarrolladas vigorosamente, el estudiante abandona esta línea de pensamiento, se recoge en su interior y se pregunta quién es el que piensa en él. No trata de obtener una respuesta pensando acerca del Pensador; empieza por despojarse de toda clase de ideas y concentra toda su atención sobre el próximo despertar de este ser que ha estado cubierto por la pantalla de los pensamientos sin fin.

Durante la pausa que sigue a esta solicitación silenciosa, debe suspender la corriente de los pensamientos tanto como pueda, adoptando la actitud de quien espera atentamente que se le dé una respuesta. Después de esperar dos o tres minutos, puede repetir su pedido y esperar de nuevo. Después del segundo período de prueba, que puede durar de tres a cuatro minutos, se repetirá el pedido una tercera y última vez. Luego deberá esperar con paciencia, fervorosamente, por un lapso de unos cinco minutos, con el cuerpo inmóvil, la respiración lenta y tranquila, la mente en calma. De este modo termina su meditación.

La clave para una correcta interpretación de esta etapa consiste en recordar que lo más importante ahora es la reacción subconsciente al esfuerzo consciente que se realiza. La práctica consciente del reposo mental ha sido útil para la intensificación de la atención; es como tocar un timbre. Será necesario esperar que el subconsciente salga ahora a abrir. No hay que insistir demasiado, no hay que fatigarse excesivamente; es necesario dar al Yo Superior confianza y crédito para que manifieste su propia inteligencia, su acción específica.

Se puede estar pasando por un período en el que no llegue ninguna respuesta, cuando la nada suprema reine dentro del alma. Antes de abandonar esta “tierra de nadie” del alma, un sentimiento de intensa soledad puede adueñarse de uno. Pero tal sensación pasará. Si no se está preparado a ejercitar la paciencia mientras se espera silenciosamente esta revelación, se destruirá toda posibilidad de éxito.

La paciencia es importante. Debemos esperar humildemente por la revelación del Infinito que está dentro del hombre. Hasta que llegue la hora sagrada, seremos unos pobres huérfanos. Aquellos que introducen cualquier elemento de impaciencia durante este período de quietud mental, lo que hacen en realidad es perjudicarse.

De aquí en adelante, el estudiante debe vigilar minuciosamente la aparición de las primeras señales confirmatorias, las pruebas de que ha tomado el buen camino, las primeras y débiles evidencias de los movimientos de su yo más profundo dentro de él. Tales signos y señales nos son mostrados por el alma, pero muchas veces no son entendidos o simplemente no se las advierte.

Las primeras evidencias llegan quietamente, tan quietamente como cuando el sol insinúa su resplandor sobre un mundo en sombras, tan levemente que el estudiante quiera tal vez rechazarlas, pensando que son fantasías inútiles, pensamientos sin sentido o imaginaciones sin importancia. Hacerlo sería cometer un grave error. La voz del Yo Superior se oye al principio como un ligero susurro, y hay que escuchar atentamente. Los movimientos más tenues de corazón deben recibir una atención plena e indivisible, y el estudiante debe considerarlos con respeto y veneración, como mensajeros de un reino más alto. Estos enviados no son más que los heraldos de una fuerza dinámica que habrá de llegar más adelante, y que penetrará a todo su cuerpo con un poder de origen divino.

Hay algunos sutiles matices de sentimiento y de pensamiento que pasan por lo general inadvertidos o que se desechan en la vida diaria corriente. Estas experiencias desechadas son precisamente el material que el mediador debe utilizar a fin de cultivar y desarrollar. Habrá de concentrar todo su poder de atención sobre ellos, en cualquier momento que aparezcan, haciendo lo posible para someterse plenamente a esos estados.

En estos extraños momentos descubre lo que casi podría llamarse un segundo yo interior. Tales instantes pueden ser raros; incluso puede sentirlos sólo a intervalos irregulares. Pero su misma existencia evidencia algo que es. Estos estáticos momentos proporcionan una pista sobre la verdadera naturaleza del hombre.

Dentro de cada uno de nosotros hay pozos superpuestos de paz espiritual que no han sido cubiertos, de inteligencia espiritual que no han sido tocados. De vez en cuando llegan a nosotros los susurros que provienen de este segundo yo, unas voces veladas que nos piden que dominemos nuestros instintos, que tomemos el camino más alto y trascendamos el egoísmo. Debemos escuchar esas insinuaciones, aprovechar esos raros momentos. En ellos tenemos vislumbres de lo que podemos llegar a ser. Si estos instantes en que tenemos un relámpago de percepción espiritual pudieran prolongarse, ganaríamos la felicidad eterna. Porque hay algo que a veces se hace sentir de este modo en la profundidad misteriosa del alma. No sabemos qué es, pero podemos saber lo que dice. “Todo lo que de mejor hay en ti, eso soy yo”, dice su voz silenciosa. Esa voz está dentro de nosotros, y sin embargo permanece aparte, santificada.

El objeto de esta obra sobre quietud mental es entrar en el reino al cual los psicólogos llaman a menudo el subconsciente.

La respuesta de la intuición que despierta puede venir la primera vez que se practica este ejercicio, o puede llegar después de varias semanas y aun meses de práctica diaria. El estudiante que ha dominado plenamente todas las etapas previas está ya en situación de beneficiarse considerablemente si encuentra la ayuda de un Adepto auténtico, que ahora puede hacer nacer en él la intuición por medio de ciertos métodos secretos. Si tal encuentro es imposible o impracticable —porque encontrar Adeptos genuinos es extremadamente difícil en el mundo moderno—, en ese caso debe continuar adhiriéndose fielmente a las instrucciones que aquí se dan.

Extracto de PAUL BRUNTON – EL SENDERO SECRETO
Una Técnica para el Descubrimiento del Yo Espiritual en el Mundo Moderno.

Fuente: Trabajadores de la Luz